TRILOK GURTU
Trilok Gurtu - Massical

Trilok Gurtu Massical
feat. Jan Garbarek, Sabine Kabongo and many more
BHM 1037-2 | distributed by ZYXStreet date: May 8, 2009
Trilok Gurtu vive a caballo de varios mundos, pero nunca su viaje discurrió de un modo tan plácido entre el punto A y el punto B. No vino simplemente de la India para instalarse en Europa. La suya es una idea mucho más compleja de cuál es el camino que ha de seguir. Trazó círculos, tendió puentes y creó unas poderosas redes de influencia basándose en épocas y regiones distintas. Expresiones contemporáneas como “hombre orquesta” o “músico multitarea” son de lo más inadecuadas a la hora de definir la profunda espiritualidad de Trilok Gurtu, su ingenua empatía hacia el resto de culturas y su interminable búsqueda de nuevos caminos para expresarse a partir de unos cimientos tan sólidos como los que le proporciona el vasto arsenal de la tradición.
Trilok Gurtu nació en Bombay en 1951, en el seno de una familia para la que la música tenía una importancia extraordinaria. Su abuelo era un respetadísimo intérprete de sitar y su madre, Shoba Gurtu (que murió en 2004), una de las cantantes de más renombre de la India. Era prácticamente imposible que Trilok no buscara emprender una carrera en el mundo de la música, aunque su trayectoria como percusionista no obedece a un designio preestablecido. Hoy, Gurtu recuerda cómo “toda mi familia tocaba instrumentos armónicos y cantaba y bailaba. Mi hermano Ravi y yo somos los únicos percusionistas, aunque no estamos seguros de cómo llegamos a ello. Mi madre me dijo que, cuando yo tenía 3 o 4 años, tocaba con un percusionista que o siempre llegaba tarde, o no aparecía. Un día, mi padre dijo: “Trilok se pasa el día aporreando la mesa como si fuera un tambor: llévatelo”. Y me tocó acompañar a mi madre. Así elegí mi instrumento… O tal vez así me eligió el instrumento. Y, acompañando a mi madre, no sólo aprendí a tocar la percusión, sino también a cantar”.
Ese talento le iba a resultar útil posteriormente. Añadió las congas, los bongos y la batería a las tablas antes de poner en marcha con su hermano un grupo de instrumentos de percusión influido por John Coltrane y Jimi Hendrix. En los años 70 estuvo de gira por Europa y por Estados Unidos con la cantante hindú Asha Bhosle, tocó junto a Charlie Mariano y Embryo y compartió escenario en Suecia con Don Cherry, cuyo espíritu musical le habría de enseñar el camino que tomaría en el futuro. En 1977 formó parte de Family of Percussion y trabajó con un sinfín de músicos de jazz. A mediados de los años 80 ingresó en Oregon, los pioneros del etno-jazz, para seguir los pasos de Collin Walcott, muerto después de un accidente, y su espiritualidad dio un aire nuevo al grupo. En 1988 se inició su colaboración prácticamente histórica con John McLaughlin que duraría 4 años. Al mismo tiempo, colaboró con músicos como Joe Zawinul, Jan Garbarek, Pharoah Sanders, Bill Laswell y Pat Metheny.
Gurtu hizo su primer disco en solitario, Usfreth, en 1988, y el espíritu visionario que impregna ese trabajo iba tan por delante de su tiempo que no pasó inadvertido ni para la crítica, ni para el público. En compañía de Ralph Towner, Don Cherry, Shankar y su madre, Shoba, derribó los bastiones del jazz y de la world music. En ese cruce rítmico y armónico ya encontramos todos los ingredientes que, una década más tarde, habrían de anonadar al mundo en el disco Drum’n’Bass. Desde entonces, no ha dejado de añadir elementos de diferentes procedencias a su cornucopia musical para desarrollar un estilo de música que ve las jerarquías como algo superfluo, y que tiene su último exponente en este nuevo CD titulado Massical. Gurtu ha echado la vista atrás y recuerda que “mi primer disco fue muy criticado porque intentaba hacer algo nuevo, pero es mucho más fácil imitar lo que otros han hecho. Intenté establecer un vínculo entre el amor que siento por África y por la India, pero en algún momento de ese camino tuve la sensación de que estaba siendo demasiado respetuoso con la música. Y, si algo he de recordar, es que no puedo perder mi autoestima. ¿Sabes qué? Sin mí, mi música no existe. Así que logré relajarme un poco más y concentrarme en lo que yo mismo escuchaba. En Massical, no reflexioné tanto sobre la música. Me limité a tocar”.
Por ese motivo, las canciones de Massical parecen un bálsamo acústico. Al escucharlas, todo lo que hemos aprendido sobre la música desaparece. Los prejuicios quedan a un lado y nos rendimos a ese flujo que parece transportar el oro de milenios y milenios hasta el futuro. El propio Gurtu ha de soltar lastre en algunos momentos para trasladar esa sensación de un modo creíble. Es un virtuoso extraordinario que tiende a tocar demasiado. Pero, en Massical, el virtuosismo tiene un papel secundario, y sirve únicamente para que todas las piezas del proceso musical encajen. Gurtu dice: “No me limito a exhibirme. Si la música no pide un cierto virtuosismo, no tocaré como un virtuoso. Sin embargo, no podemos olvidar que hay temas que son sumamente difíciles de tocar y que la mayoría de músicos serían incapaces de hacerlo. Aunque pueda sonar sencilla, esa música es virtuosa. Cuando los músicos graban el primer disco o el segundo, suelen hacer que todo gire alrededor de su instrumento, pero yo quiero dar a conocer mi música. Ahí está la diferencia. El groove es mucho más importante que el virtuosismo”.
La música de Gurtu es universal. Evidentemente, se le sigue teniendo por uno de los embajadores de la música hindú en Europa, pero estas etiquetas carecen de importancia para él. “Nací en la India. Ahí están mis raíces. Y como siempre he tocado como un virtuoso, la gente ha calificado lo que hago de jazz. Cuando comencé, no existía la etiqueta de “world music”. No provengo de ninguna escuela norteamericana y jamás he aspirado a ello. Pero la música de la India se basa en la improvisación y la música de Bollywood tiene mucho ritmo, casi como la música afro-brasileña. Este repertorio me sirve para dar a conocer mis ideas y mis sentimientos, pero podría haber nacido perfectamente en China. Mi música será música en todas partes, y yo soy tal y como suena mi música".
Trilok Gurtu no tiene problemas a la hora de traducir los principios y las actitudes de la improvisación hindú, norteamericana o europea. Antes bien, confía en todo aquello que, desde un punto de vista espiritual, comparten todos esos lenguajes musicales. “Al principio, crees que todo se divide en música clásica, jazz… en esos géneros. Sin embargo, si te acercas a la música con una actitud más espiritual, descubres que el espíritu a partir del cual se construye la música es el mismo en todas partes. La gente lo ve de un modo distinto porque provienen de diferentes tradiciones. Mozart y Bach también improvisaban. El primer tema del disco se titula “Seven Notes To Heaven”, y solamente tenemos esas siete notas y sus respectivos semitonos: en total, 12 notas. Y sucede lo mismo en África, en Europa, en la India, en Estados Unidos… En todas partes. Si las tocas bien, te acercas a Dios. Hay, por ejemplo, una tremenda influencia de Mozart en la música de Bollywood. Los hindúes no lo saben y creen que esas melodías las escribieron músicos hindúes. Incluso Stravinsky y otros compositores rusos se asoman en la música de Bollywood porque encajan a la perfección. Cuando algo es bueno, lo de menos es su procedencia”.
Huelga decir que el título del tema, “Seven Notes To Heaven”, nos recuerda a Miles Davis. Pero quien crea que el tema está concebido como un homenaje al tipo de la trompeta, va equivocado. Trilok Gurtu es uno de los pocos músicos del mundo del jazz que no se considera en deuda con Miles Davis. Descubrió cuán importante es saber que menos es más en culturas anteriores al jazz. “Mi madre siempre me dijo que los conciertos duran tres horas, así que mejor tocar despacio. El jazz es la forma más reciente de música improvisada. Respeto muchísimo a Miles por su valor para cambiar la música pero a mí me marcó mucho más Don Cherry porque su música cambió el mundo. Sentía la música afro-hindú y supongo que le gustaría tocar la que suena en este disco”.
Don Cherry fue otro músico que sacó el concepto musical básico de su urna de cristal y puso un caudal de música extraordinario al alcance de todo el mundo recurriendo a medios de lo más sencillo. Y así es precisamente como debemos interpretar Massical, el título del disco de Gurtu. Parte de la premisa de que “la música ha de estar al alcance de todo el mundo: son las masas, y no las clases, las que han de tomar las decisiones musicales. Las clases siempre han tenido el dinero, pero siempre hay que intentar llegar a las masas. Por eso digo que la música es “másica”, no “clásica””. Esta declaración deja entrever cuáles son esas firmes convicciones que Gurtu no trata de imponer al prójimo, así como la textura profundamente humana que impregna todo el disco. Massical es mucho más que una bella obra musical. Es una aportación sostenible a la democratización de nuestros hábitos de escucha y a superar las barreras étnicas y sociales que hace tiempo debería haber dejado atrás el arte.

